Por qué acepté un trabajo que pienso dejar
Sobre elegir un puesto no como destino, sino como aula, y qué tiene que ver Aluna con todo esto.
Cuando acepté mi puesto de analista en un grupo de hospitalidad, ya sabía que no era la forma final de mi vida. Todos a mi alrededor lo leyeron como una llegada. Yo lo entendí como matrícula.
Eso no es una confesión, y tampoco una contradicción. La hospitalidad es el modelo vivo más claro que conozco de un negocio creativo que tiene que rendir financieramente cada noche. Si sé leer los números que mantienen vivo un restaurante, sabré leer los números que algún día mantendrán vivo mi propio estudio. Elegí la sala por lo que podía enseñarme.
La palabra «temporal» merece más respeto del que recibe
Decimos «temporal» como quien pide disculpas, como si algo tuviera que ser permanente para contar. Pero algunas de las partes más permanentes de mí se construyeron en salas temporales. Años en un estudio de danza que siempre supe que dejaría. La formación operística. El conservatorio de actuación. Ninguna de esas estaciones fue para siempre, y todas siguen conmigo. Lo temporal nunca fue enemigo de la profundidad. Fue la invitación.
Qué tiene que ver Aluna con todo esto
Hago una serie de video-ensayos llamada Aluna en parte porque necesitaba un hogar para este tipo de pensamiento. Toda su premisa es que el retorno, no el ascenso, es la verdadera forma de una vida creativa. Vuelves al cuerpo, al instrumento, a la pregunta, y cada retorno te enseña algo que la primera llegada no podía.
Un trabajo en el que estás a propósito, mientras te preparas para lo que sigue, tiene esa misma forma. No es esperar. Es practicar.
Lo que me llevo
Números, claro. La paciencia de quien opera. Un instinto para la mano de obra y el margen, y para lo que es un turno desde adentro. Sobre todo, un respeto que no habría podido ganarme de ninguna otra forma por las personas que mantienen una sala en marcha, esas cuyos nombres nunca aparecen en el menú. Saben cosas sobre el cuidado y la resistencia que ningún salón de clases enseña.
Cuando abra mi estudio, quiero que mi estado de resultados me sea tan legible como una partitura para una cantante. No por brillante, sino porque me quedé en la sala el tiempo suficiente para aprender la música que corre por debajo. Y quiero que las personas que trabajen conmigo se sientan vistas como este trabajo me enseñó a ver a quienes sostienen cada sala.
Si estás en una estación como esta, dentro de un trabajo que sabes que no es tu para siempre, no le debes una disculpa a nadie. Pregunta qué vino a enseñarte. Lo que pagas en tiempo puede volver a ti como fluidez.